Esta máscara del Tíbet es compleja. La constituyen diversos elementos hasta generar una representación asombrosa. La materia sobre la que se diseña y se monta la máscara es el propio cráneo y los cuernos del animal. Se recubre con metal y se añaden cuentas de vidrio. Además del trazado zoomorfo del repujado, se incluyen elementos decorativos vegetales y unas pequeñas máscaras humanas en la parte superior.
Da la impresión de que se estuvieran incorporando simbióticamente una máscara sobre otra. Una específicamente humana que exhibe ojos rojos, nariz prominente y dentadura, se impondría a la máscara animal propiamente dicha. Un largo rosario de pequeñas calaveras la recorren a lo largo de todo su perímetro. Las máscaras, en cualquier cultura, tienen mucho de guiño y pulso con la muerte.

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